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la terrórífica fiebre

La terrorífica fiebre

 

Continuando con nuestra serie de artículos para MiniGranada, ya hemos visto a los odiosos mocos, a la tos desesperante, pero no podemos dejarnos atrás a “la terrorífica fiebre”. Si hay algún síntoma por lo que no tenemos duda en acudir a la consulta de pediatría, ese es la fiebre.

Empecemos por tener claro una cosa, la fiebre es un síntoma, no una enfermedad.

Generalmente es síntoma de una infección y afortunadamente en la mayoría de los casos no tiene porque tratarse de una infección grave.

Una vez más, se trata de un mecanismo de defensa de nuestro cuerpo. Se trata de subir la temperatura corporal para evitar la proliferación de gérmenes que tan a gusto se crían en condiciones normales. Es como cuando en las discotecas nos bajaban la música y nos encendían las luces para que nos fuéramos… (ya no recuerdo la última vez que me lo hicieron, ni siquiera sé si lo siguen haciendo).

¿Cuándo podemos considerar que el niño tiene fiebre? Se considera una temperatura normal hasta 37ºC (siempre tomada a nivel axilar, que es el sitio más frecuente. A nivel rectal la temperatura puede aumentar de medio a un grado más). A partir de 37’1ºC hasta 37’9ºC, estaríamos hablando de febrícula. Y a partir de 38ºC se considera fiebre.

Tanto la febrícula como la fiebre, no siempre debe tratarse. Si acostumbramos a nuestro organismo a matar moscas a cañonazos, cuando aparezca un peligro mayor, nuestras defensas no tendrán recursos para actuar. Debemos dejar a nuestro cuerpo defenderse de los ataques, conocer al enemigo para poder atacarlo la próxima vez que aparezca.

¿Entonces qué hago si mi hijo tiene febrícula o fiebre? Observar su estado general.

El malestar sí hay que tratarlo, ¿por qué no? Si mi hijo tiene 37’2ºC pero está en el sofá dando vueltas, con mala cara, penoso, sin ganas de jugar, ¡incluso sin querer ver la tele!, muy mal debe encontrarse. En ese caso, tratamos el malestar.

Si mi hijo tiene 38’3ºC, pero está jugando y dando brincos (creerme que eso lo he vivido con el mío con unas “anginas”), ¿qué es lo quiero tratar? ¿una cifra?.

Eso no quiere decir que debamos dejar a los niños con una fiebre alta durante varios días sin tratamiento. Pero la razón de tratarlos, en este caso, es que la fiebre produce agotamiento en su organismo. Se puede producir cansancio excesivo, deshidratación, falta de apetito… Pero igualmente, estaríamos tratando el estado general, no la fiebre en sí.

¿Cómo puedo tratar la fiebre? Independientemente de que consideremos oportuno hacerlo o no, debemos tener recursos para cuando se presente la ocasión.

La medicina convencional aconseja paracetamol como fármaco de primera elección. A partir de los seis meses también se puede optar por el ibuprofeno. En cualquier caso, ambos fármacos, se administran en función de los kilos de peso del niño. Existe calculadoras para poder ajustar la dosis a cada momento. (Si pinchas en el enlace encontrarás algunas de mucha utilidad que nos proporciona Mi Pediatra Online).

También podemos optar por hacer uso de la homeopatía. En este caso yo os puedo ayudar poco, puesto que mi formación en este campo es la básica para los problemas de salud de mi hijo. La remedios homeopáticos no sirven de igual forma para cualquiera, deben ser específicos para cada persona y cada síntoma. No obstante, existen también algunas pautas homeopáticas para la fiebre. (Si tienes interés en este campo de la medicina, FarmaEcológica te puede ser de mucha utilidad).

Y por supuesto también debemos utilizar medidas físicas. Eso es: desabrigar al niño (alguna vez me han llamado de la guarde porque Joaquín tenía fiebre y no me ha extrañado, con la calefacción que tenían y las capas de ropa que llevaba mi hijo, nada más refrescarlo, la fiebre había desaparecido), procurar una temperatura ambiente neutra, aplicar paños fríos en frente, axilas e ingles (aunque es bastante desagradable para los niños) y dar un baño con agua tibia (¡por Dios, nunca con agua fría!).

Y hasta aquí la fiebre por hoy. ¿Qué te ha parecido el artículo? Cuéntame cómo recibes tú a la temible fiebre.

 

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