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Feliz 2015

Feliz 2015

 

No, no es que vaya con retraso, ni es que haya visto las campanadas en canal sur y aún esté esperando para tomarme las 12 uvas… Es que por fin puedo decir que vuelve mi vida a la normalidad y he decidido empezar el año hoy. ¡Feliz 2015!

Y es que me parece un día tan bueno como cualquiera.

Veamos, me he levantado a las 7 de la mañana como normalmente; cosa que no he podido hacer en toda la navidad, en algunos casos porque a esa hora estaba escribiendo las novedades para salir del turno a las 8.

He llevado a mi hijo al autobús y he vuelto a casa a tomarme mi café tranquila y he tenido ganas de desayunar; algo que tampoco he tenido en casi un mes debido a la saturación de comida, dulces, postres y alguna que otra copilla, que han caído en estas fechas tan entrañables.

Y por último, me he puesto a trabajar como cada día en el ordenador; aún no está al 100% y he perdido todo lo que tenía escrito, pero he aprendido una gran lección ¡la nube está para algo!

Tras varias horas de trabajo he parado a hacer un “pomodoro” (no aplico la técnica tal cual, pero si me doy mis descansos entre rato y rato), y he reflexionado sobre lo que significa la vuelta a la rutina.

La rutina para mi familia es fundamental.

Mi hijo disfruta como un enano con las vacaciones. Es un anárquico, quiere comer a cualquier hora, jugar a todas horas y dormir nunca.

Mi marido es profesor y disfruta de las mismas vacaciones que él, así que nos podemos permitir el lujo de romper con la rutina totalmente en vacaciones y que no tenga que ir a ningún sitio durante las horas de trabajo de los padres, como pasa en la mayoría de las familias.

Y yo, soy jornalera de la enfermería. Es decir, trabajo en las campañas, la de verano y la de navidad. Por lo que cuando ellos están de vacaciones yo estoy trabajando y viceversa.

Siempre he pensado que no hay una situación más idónea que la mía, tan bien organizados para el tema del niño, y hasta estas fiestas no me había dado cuenta de lo equivocada que estaba.

Joaquín ha disfrutado mucho con su padre. Han salido al campo todo lo que el tiempo le has permitido. Han jugado en casa y en el parque. Han visto sus pelis frikis.

Pero cada vez que tenía una oportunidad se venía al sillón conmigo y me preguntaba ¿quieres tener a tu hijo cerca, verdad? Entonces se me echaba encima, como cuando era un bebé y nos pasábamos el rato así, leyendo, viendo la tele o simplemente acariciándonos.

Yo no sé si él me ha echado de menos, pero sí sé que ha percibido lo mucho que lo he echado de menos yo…

Y a mi marido igual. El pobre ha estado al servicio de los dos todo el tiempo, pendiente del niño y de que yo no tuviera que ocuparme nada más que de trabajar. Pero no hemos podido tener más que ratos contados para los dos.

Y es que no estaría mal poder compartir las vacaciones con la familia, aunque muchos estaréis pensando que no debo quejarme porque al menos tengo trabajo, o porque al menos ha podido estar con su padre.

Pero ¿quién no desea la situación ideal?

Hoy hemos vuelto todos a la rutina (los dos días de la semana pasada fueron un desastre más que una vuelta al cole), y la verdad es que se agradece.

Levantarnos juntos, despedir a papá que se va en la moto, ir cantando con Rock FM hasta el autobús…

Luego llegar a casa y ponerme a trabajar a mi ritmo, unas veces con muchas tareas y pocos resultados y otras veces como una máquina de máxima eficiencia.

Esperarlos a que lleguen, bajarnos al parque a jugar con la tribu, subirnos a casa a seguir jugando.

Baño, tele, cena y a la cama a las ocho y media.

Y entonces sentarme con mi marido a conversar, a leer o a ver nuestras series. A compartir un rato de pareja tranquilo.

Qué placer de rutina…

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2 comentarios

  1. La Casa de las Flores

    Lo sencillo….milagroso!

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